Por favor. No aprietes tan fuerte.
Déjame coger aire para afrontar el día.
Déjame llenar mis pulmones.
Que cada bocanada de aire no suponga un esfuerzo titánico.
Que no sienta que no llega el aire con cada inhalación.
Por favor, decesito que sueltes un poco las manos al rededor de mi cuello.
Aprietame fuerte en la cama.
Pero por favor, el resto del tiempo, lo que aprietes fuerte sea mi mano.
No mi cuello.
Ya se que no me correspondes. Y eso me crea ira y confusión. Intentar algo fútil, con una esperanzas nulas y fracasar estrepitósamente. Kant dice que mentir siempre está mal. Y yo sigo esa máxima. Y los principios no son principios si eliges cuando seguirlos. Es instinto de supervivencia del ser humano, o el afán de autodestrucción.