El aroma del café inunda la habitación.
Compite con tu recuerdo y con tu ausencia.
Menos amargo que la idea de saber que nunca vas a estar, y que yo estaré siempre.
Con más cuerpo ahora mismo que yo, que ha perdido las fuerzas y se debate entre levantarse y salir de la habitación.
O quedarse con el café y los recuerdos.
Ya se que no me correspondes. Y eso me crea ira y confusión. Intentar algo fútil, con una esperanzas nulas y fracasar estrepitósamente. Kant dice que mentir siempre está mal. Y yo sigo esa máxima. Y los principios no son principios si eliges cuando seguirlos. Es instinto de supervivencia del ser humano, o el afán de autodestrucción.