Vivimos esperando.
Vivimos en nuestros propios sueños, pensamientos, engañándonos.
Vivimos con las esperanzas puestas en cosas que sabemos que no ocurrirán, pero es mucho más bonito engañarnos a nosotros mismos.
Creemos que vivimos, y sin embargo estamos más que muertos.
El tiempo que jamás volverá y lo habremos gastado en cosas que no merecen la pena, en personas que no merecen la pena. Siendo tan ciegos de nuestra propia estupidez, de no haber sido capaces de ver quien si la valía, y haber perdido el tiempo, aquello que nunca vuelve, aquello que no le dimos la oportunidad para ser felices y viviremos con nuestras malas elecciones. Porque es más cómodo no aceptar que somos el problema, que somos quien deberíamos cambiar.
Pero, de verdad viviremos, o simplemente parecerá que lo hemos hecho, siendo nosotros mismos espectadores de nuestra vida pasando cuando en realidad no hemos vivido.
Hemos estado siempre muertos.
Ya se que no me correspondes. Y eso me crea ira y confusión. Intentar algo fútil, con una esperanzas nulas y fracasar estrepitósamente. Kant dice que mentir siempre está mal. Y yo sigo esa máxima. Y los principios no son principios si eliges cuando seguirlos. Es instinto de supervivencia del ser humano, o el afán de autodestrucción.