Son tan vivos, que me cuesta distinguir los sueños de la realidad.
Mi subconsciente hablandome por las noches, mostrándome aquello que tanto quiero, tanto añoro, y tanto necesito.
En mis sueños no hay dolor, no hay tristeza, no hay malestar, no hay veneno, ni enfermedad.
Pero la noche llega a su fin, y yo no quiero despertar.
Pero los sueños, sueños son.
Ya se que no me correspondes. Y eso me crea ira y confusión. Intentar algo fútil, con una esperanzas nulas y fracasar estrepitósamente. Kant dice que mentir siempre está mal. Y yo sigo esa máxima. Y los principios no son principios si eliges cuando seguirlos. Es instinto de supervivencia del ser humano, o el afán de autodestrucción.