Dame un motivo para quedarme. Para no borrarte definitivamente de mi vida. Dame un motivo para esperarte. Antes de que sea demasiado tarde.
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Todo quedaba atrás. Era el único pensamiento que pasaba por su cabeza. Tamborileando el lápiz contra el papel. ¿Se intentaba autoconvencer o era real?. Llevaba dos horas delante de aquella cuartilla sin haber escrito ni una mísera sílaba. Estiró los brazos, arqueó la columna y se desperezó para levantarse. Un poco de aire fresco no la iría mal. Se puso su abrigo de paño negro, negro como su bufanda kilométrica, sus pantalones, sus zapatos y el poco corazón que aun le quedaba, negro. Hacía un viento helador, de ese que corta la respiración, pero por lo menos había dejado de llover. Aun quedaban rastros de los charcos, pero ya no quedaban niños para saltarlos. Era tarde asi que estarían en sus casas, con sus familias. No estarían solos. Solos. Dar un paseo bajo la fría luz de las farolas es lo que mejor la vendría para poner sus pensamientos en orden. A ver hasta donde la llevaban...
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Me alegra ver en lo que te has convertido. Porque me ayuda a no echarte de menos. Me gustaba la persona que veía con mis ojos, no la que eres ahora, para nada. No tendrías que haber vuelto a entrar en mi vida solo para marearme, para que hicieras que perdiera a alguien que valía la pena, porque parece que no te gusta verme feliz. Que no quieres que siga adelante. Te lo dije, que si volvías que no fuera para hacernos más daño. Si no, no vuelvas.
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Te iba a escribir una carta de despedida. Una y otra vez, en la noche, lo que escribía, lo borraba. No encontraba las palabras. No encontraba los expresiones. No te encontraba a ti. Te quería escribir una carta de despedida. Porque creo que es hora de dejarte ir. Pero no encontraba las formas. No encontraba las ganas. Solo te encontraba a ti. Te estaba escribiendo una carta de despedida. Pero no puedo. No consigo decirte adiós. Pero tengo que ser fuerte, soltar la luz de mis días negros, el veneno en mi sangre. Porque no pienso volver a caer en tu juego. Ya no volveré a discutir. Y solo te diré adiós.
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Y hoy despierto en mi nueva vida. En la que voy a empezar a preocuparme en mi, y nadie más. En la que aunque te eche de menos lo guardaré en lo más profundo, anulándote. Negándote. Hoy despierta una nueva vida, sacando toda la fuerza para levantarme. Porque es hora de vivir por mi. Ya no puedo luchar más por ti, porque no es justo que hagas y deshagas a tu antojo.