Y si no considero que haya tropezado siempre con la misma piedra. Porque no considero que seas la piedra. No eres un obstáculo. Eres el camino que he decidido seguir. A veces fácil y llano. A veces tan escarpado que piensas que no aguantas más. Pero siempre un camino. Nunca una piedra.
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Si echo a correr, y no paro. No miro atrás. Si me paso horas contemplando este incendio, el que devastó mi pecho y mi cordura. Si en el silencio de la noche oigo tu respiración, una ilusión. Si pudieramos deshacernos de esta ansiedad que nos ha consumido. Si pudiera volver atrás, corregir todo lo que hice mal contigo. Conmigo. Si no te hubiera conocido.
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Cada vez creo menos en los finales felices, en los cuentos de hadas. Cada vez creo más en la realidad, fría, dura, lo injusta que es la vida y que nací para luchar. Gente de tu propia ciudad incapaces de valorar, de poner escusas absurdas para no quedar. Y sin embargo que haya una persona a más de 400km que diga "quiero verte, voy para alla" y que lo cumpla. Volver a sonreir, a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día con una persona, cuidar de alguien, compartirlo todo, no pensar en quien no se lo merece. Volver a la vida. Pero vuelve la realidad, las responsabilidades y el tenerse que separar de nuevo a más de 400 km. Tener que decir adios a quien si se quiere quedar. Porque la vida es muchas cosas, pero no es justa. Dije tantas veces adios, que ya no se que es que alguien se quede. Volver al vacío.
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Todo quedaba atrás. Era el único pensamiento que pasaba por su cabeza. Tamborileando el lápiz contra el papel. ¿Se intentaba autoconvencer o era real?. Llevaba dos horas delante de aquella cuartilla sin haber escrito ni una mísera sílaba. Estiró los brazos, arqueó la columna y se desperezó para levantarse. Un poco de aire fresco no la iría mal. Se puso su abrigo de paño negro, negro como su bufanda kilométrica, sus pantalones, sus zapatos y el poco corazón que aun le quedaba, negro. Hacía un viento helador, de ese que corta la respiración, pero por lo menos había dejado de llover. Aun quedaban rastros de los charcos, pero ya no quedaban niños para saltarlos. Era tarde asi que estarían en sus casas, con sus familias. No estarían solos. Solos. Dar un paseo bajo la fría luz de las farolas es lo que mejor la vendría para poner sus pensamientos en orden. A ver hasta donde la llevaban...
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Me alegra ver en lo que te has convertido. Porque me ayuda a no echarte de menos. Me gustaba la persona que veía con mis ojos, no la que eres ahora, para nada. No tendrías que haber vuelto a entrar en mi vida solo para marearme, para que hicieras que perdiera a alguien que valía la pena, porque parece que no te gusta verme feliz. Que no quieres que siga adelante. Te lo dije, que si volvías que no fuera para hacernos más daño. Si no, no vuelvas.