Oí un click. Algo cambió. Vi una luz en mi cabeza, que no se de donde salió. Pero sentí un empujón, una voz que me decía, esta vez si, esta vez las cosas las vas hacer bien, y saldrás adelante, como siempre. No se como ha ocurrido, pero mi faro se ha encendido.
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Hay días "mejores" y días peores. Hay días que me apetecería mandar todo a la mierda, y otros querer intentarlo un poco más. Días en los que cuesta un triunfo levantarse, y días en los que es imposible dormir. Días en los que me gustaría contarlo todo, soltar el peso que siento al guardarme tales secretos, porque ya no tengo nada que perder. Pero ya no hay días felices. Tenías la capacidad de alegrarme un día entero solo diciéndome cualquier tontería. Pero decidiste llenar todo de oscuridad. Y ahora navego por un mar inmenso a la deriva, buscando el faro que me vuelva alumbrar. Buscando la orilla para evitarme ahogar.
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Y el día se desangra en el siguiente. Las horas, los días pasan, porque tienen que pasar. Vacíos. Son nada que los llene. Sin nada que veas que valga la pena ya. Y aquello por lo que si creías, se aleja de ti cada día más. Dónde quedaron las ganas, las ilusiones y esperanzas. Veo pasar mi vida, sintiendo que estoy muerta dentro de ella.
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No quedan esperanzas, ni quedan ganas. Lo único que me da el tiempo es un hueco mayor en el pecho. Un agujero negro que se va tragando todo. Necesito volver a ilusionarme por algo, tener ganas de algo, esperanzas, un objetivo. Algo que sirva como luz. Porque estoy muy cerca de tirar definitivamente la toalla en la vida.
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Son los versos robados, los que queman cada noche. Las palabras que tapan con su velo los puñales. La poesía dedicada a las cosas que nunca tendremos. Alimentando nuestra propia tristeza y miedo. Y dime niña, ¿qué es aquello que tanto anhelas, si nunca has tenido? Y dile niña, ¿con qué sueñas cada noche sabiendo que no ya lo habías perdido? La voz resuena en tu cabeza, ríndete, dice profunda. Ríndete y deja que la oscuridad te destruya.