Había enterrado tu recuerdo, para protegerme, y hace una semana alguien sin ni siquiera saberlo, volvió a sacarlo a la luz.
Son ya demasiados meses los que te fuistes, y me sigue pesando como el primer día.
Estoy luchando y siendo fuerte por los dos. Ya que en vida, no pude.
Se que si estuvieras aquí me dirías que no me culpe, que estás orgulloso de mi, y que consiga y luche por lo que de verdad quiero, por el amor, en lo que los dos creíamos. Lo que de verdad importa.
Me dirías que viviese por ti.
En todo este tiempo, te he negado, he callado, como si nunca hubieras existido. Pero ahora vuelves a mi mente casi a cada día. Lo más parecido que tendré nunca a una familia, a un amigo.
Ojalá me hubieras hecho caso.
Ojalá no te hubieras rendido.
Ojalá siguieras aquí.
Ya se que no me correspondes. Y eso me crea ira y confusión. Intentar algo fútil, con una esperanzas nulas y fracasar estrepitósamente. Kant dice que mentir siempre está mal. Y yo sigo esa máxima. Y los principios no son principios si eliges cuando seguirlos. Es instinto de supervivencia del ser humano, o el afán de autodestrucción.