El veneno denso en la sangre, frío y sin vida como tus dedos, se distribuye por todo el cuerpo volviendolo frágil.
Pero me he deshecho de ese veneno, ha salido de mi cuerpo. De mis arterias y mi pecho.
Ha sido como respirar por primera vez de nuevo.
La primera bocana de aire al nacer.
Un aire que te llena los pulmones, te llena de vida.
Ni tu veneno ni tú tenéis ya poder en mi, aunque siempre quede un recuerdo, la reminiscencia de lo que fue. Una gotita de veneno que intentará volver a parasitar todo, pero no lo permitiré.
No quiero tu mirada perdida, ni tu piel fría, ni tu pecho vacío.
Otras manos me curan ya, otras que son solo una parada, pero se que no me envenenarán.
Ya se que no me correspondes. Y eso me crea ira y confusión. Intentar algo fútil, con una esperanzas nulas y fracasar estrepitósamente. Kant dice que mentir siempre está mal. Y yo sigo esa máxima. Y los principios no son principios si eliges cuando seguirlos. Es instinto de supervivencia del ser humano, o el afán de autodestrucción.